El sistema nacional de salud de la República Dominicana alcanza sólo a la mitad de la población y tiene una alta disparidad entre las zonas urbanas y rurales. La mayoría de los habitantes de la República Dominicana viven en áreas urbanas (78%) (Banco Mundial 2016). En estas zonas, además de los hospitales estatales, los llamados “hospitales”, existen también hospitales privados llamados “clínicas”. La atención en los hospitales privados es de buena calidad, pero para la mayoría de los dominicanos no es financieramente manejable. En los hospitales estatales, por otra parte, los servicios son relativamente baratos y accesibles para todos, pero los sectores más pobres de la población tienen un acceso limitado a los medicamentos. En las zonas rurales de la República Dominicana hay una falta de atención médica y de personal (Rathé & Moliné 2011, Canario et al. 2016). En 2008, la proporción entre médicos y pacientes a nivel nacional era de 1,3/1.000 y la proporción entre enfermeras y pacientes de 0,25/1.000 (en comparación, Alemania tiene 95,2 enfermeras por cada 1.000 pacientes (Aiken et al. 2012/2014)). La mayoría de la población mayor de 65 años no está cubierta por los sistemas de seguridad social, lo que plantea grandes desafíos para la salud y los servicios sociales (Medrano et al. 2014, Falk et al. 2017). Al mismo tiempo, la cobertura de pensiones en la República Dominicana es muy baja y los dominicanos mayores a menudo viven en condiciones precarias de vivienda (Prince et al. 2008). El 11,7% de las personas mayores de 65 años dependen del apoyo y la atención. A nivel mundial, se espera que estas cifras aumenten significativamente en los próximos años, especialmente en los países de ingresos bajos y medios (OMS 2018). En promedio, las personas tienen que gastar el 30% de sus ingresos en servicios de cuidado. Actualmente no existe un sistema de apoyo social para los cuidadores en la República Dominicana (Sousa et al. 2009).

Según la OMS, el 42% de los años de vida perdidos se deben a enfermedades transmisibles y el 42% a enfermedades no transmisibles (Boslaugh 2013). Entre los problemas de salud más urgentes en la República Dominicana se encuentran la desnutrición y la falta de acceso a agua potable, especialmente para los niños pequeños de las zonas rurales, así como enfermedades infecciosas como la diarrea, la neumonía y el VIH/SIDA. El número de adultos infectados por el VIH de entre 15 y 49 años de edad es actualmente de alrededor de 67.000 (0,9% de la población,[51.000 – 91.000]) en la República Dominicana y 150.000 (1,9% de la población,[140.000 – 170.000]) en Haití (ONUSIDA 2017).

Sin embargo, el aumento de la esperanza de vida también hace que las enfermedades no transmisibles, como la demencia, sean un problema mundial para el sistema de salud y sus proveedores de servicios. Lo mismo se aplica a la diabetes, la depresión, los trastornos musculoesqueléticos, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, la obesidad (30% de la población), la hipertensión y otras enfermedades cardiovasculares (Sousa et al. 2009, Canario et al. 2016). El término colectivo demencia (ICD-10-Code F00-F03) describe enfermedades crónicas del cerebro que coinciden con un deterioro progresivo de las capacidades cognitivas, emocionales y sociales. Aunque las tasas de prevalencia en los países de ingresos bajos y medios son actualmente inferiores a las de los países de ingresos altos, se espera que el número de personas afectadas en estos países aumente desproporcionadamente en el futuro debido al rápido envejecimiento de la población (Prince et al. 2015). De los aproximadamente 9,9 millones de nuevos casos por año, el 63% se registran en países de ingresos bajos y medios. Según la OMS (2017), el número de personas con demencia en todo el mundo aumentará a unos 251 millones en 2050 (OMS 2017). Este aumento previsto afectará especialmente a los países con sistemas de salud que no están preparados y que carecen de fondos suficientes (Rodríguez et al. 2008). Especialmente en los países de bajos ingresos, cabe esperar un elevado número de demencias relacionadas con el VIH. Aunque la incidencia de la demencia asociada al VIH ha disminuido ligeramente en los últimos años en la República Dominicana, el número de personas afectadas sigue siendo elevado debido a la falta de uso de terapias farmacológicas y a la alta prevalencia de infecciones (Rosca et al. 2012).

Otro problema es la relación entre la demencia y la pérdida de peso, que aumenta el riesgo de mortalidad. Una comparación de los datos de prevalencia sobre la pérdida de peso y la demencia mostró que la República Dominicana tenía la prevalencia más alta en el grupo de comparación, con un 26%, mientras que China tenía la prevalencia más baja (2%) (Albanese et al. 2013). Otros síntomas clásicos de la demencia también son importantes. Además de las limitaciones en la orientación y los cambios de comportamiento a medida que aumenta la esperanza de vida, esto también incluye la multimorbilidad y las limitaciones en el área de la actividad física, incluidos los problemas de caídas. En la actualidad, sólo se pueden utilizar para este fin unos pocos estudios de países de ingresos bajos y medios, lo que demuestra claramente la creciente necesidad de investigación (Llibre Rodríguez 2013, Arinzechi et al. 2016).

Dado que el sistema sanitario y social de la República Dominicana sólo está plenamente disponible para unos pocos habitantes, las familias y el entorno social tienen que soportar la carga de atender a los enfermos. La elevada carga resultante dentro de las estructuras familiares. En particular, se describe cada vez más la aparición de estrés, ansiedad y depresión. Además de la falta de apoyo del sistema de salud, el principal problema es la falta de servicios de apoyo ambulatorios y locales (Medrano et al. 2014).

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